
La pena es que no sé cómo se pueden subir mp3 al blog, porque Silvia me envió la banda sonora perfecta...qué pena. Pero os lo cuento, como si fuera uno de los tenientes de Pablo Motos, la canción de Chambao que sirve de fondo musical al anuncio de turismo de Andalucía lo dice: " Ya hay estatuuuuuuuut"...
Allá va la columna de hoy:
DESMEMBRAMIENTOS
Umbría por la pena, casi bruna, porque con la boda sorpresa de Sardá he perdido al último macizo con el cartel de libre en el mercado , en un arranque autodestructivo me lanzo a leer el Preámbulo del Proyecto de Estatut Catalán.
¡Cuidado, jamía, que te me vas a desmembrar! Clama mi amiga la hipocondríaca. Y es que ni mi amiga ni yo tenemos, a estas alturas del debate, una opinión clara y pertinente sobre la Cosa, por más que el tema nos machaque persistentemente hasta por el hilo musical.
Yo, la verdad, como soy algo leída, oigo lo del desmembramiento y se me representa “La balsa de piedra”, de Saramago, aquella fábula que contaba cómo la península Ibérica se desmembraba de Europa por la parte de los Pirineos y surcaba el Atlántico en pos de sus hermanos latinoamericanos. Parece que, según algunos, la Cosa apunta en esa dirección, que primero se desmembrará Cataluña, después las demás Comunidades Históricas y así nos iremos desmembrando sucesivamente hasta que vuelvan los Reinos de Taifas.
Los otros afirman que lo del desmembramiento es una fase más en la “espiral de crispación” y que todos nos beneficiaremos de la Cosa como personas humanas en cuanto tal. Sin distinción de raza, género, ideología, gen o gentilicio.
Y los Autores, claro está, apelan a sus derechos, que provienen del hecho diferencial, por este orden la historia, la cultura y la lengua.
Para mayor información promuevo una encuesta entre mis familiares y amigos catalanes, pero me he encontrado con un problema de base: que no responde a una muestra significativa, y es que mis catalanes son muy raros: por ejemplo hablan castellano cuando hay alguien que no comprende su lengua, de vez en cuando invitan e incluso alguno es del Madrid.
Entonces recurro al viejo truco: tener en cuenta lo que opinan personas de mi absoluta confianza. Cuando la polémica discográficas-top manta, recurrí al criterio de Rosendo y Kiko Veneno. Ahora, me escama que Albert Boadella, hombre libre, iconoclasta, poco sospechoso de compadreo con el poder y catalán como el que más, se muestre tan beligerante con el nuevo Estatut.
Así que no saco conclusiones y, sin embargo me sobreviene una jaqueca tamaño XXL sólo de pensar que mi pueblo, La Adrada, también fue Estado allá por la Edad Media, y de hecho diferencial vamos sobrados, ergo como nos dé por la reivindicación estatutaria, nos desmembremos y tengamos que seguir sufriendo a algunos impresentables, apañados vamos.
Me está bien empleado por sublimar la frustración en el ámbito del amor platónico con lo que viene a ser la candente actualidad. Y no le doy vueltas al término Nación porque para defender la Semántica ya tenemos al Congreso de Diputados. Y además me he quedado sin tabaco.