

Hoy arremeto contra la distadura de la imagen, gente.
Hay que jorobarse: ahora, en pasando los cuarenta, te exigen aparentar 10 años menos, dos tallas menos y amar a tus arrugas aunque tengas que empeñarte hasta las cejas para pagarte el lifting y que se te quede la jeta como el modelo siliconado con morros morcilla de Burgos. Llevar vida sana, hacer yoga o tai-chi, desayunar frutas en lugar de churros y beber té verde.
Pos no, queridas, anda y que les ondulen con la permanén...
LAS DOS CHAROS
Lo llevamos claro, maja. Tengo entre mis manos un suplemento dominical dedicado a ti, mujer, que ya vas entrando en esa edad que ahora se llama “espléndida madurez”. Lo que antes era la menopausia, vaya.
Es el tercero sobre el mismo tema que veo en menos de un mes. Fíjate también en los anuncios de cosmética y en los de clínicas de cirugía estética y dime si no te sientes acosada. Porque, querida amiga, ya no nos podemos relajar como se relajaron nuestras madres. Hay que seguir al pie del cañón, a dieta y con tacones y luchar contra la ley de la gravedad porque el mercado ordena que vuelvas al cuerpo que tuviste a los 30 años cuando te estás acercando a la cincuentena.
La culpa de todo la tiene Sharon Stone, famosa por enseñar “aquello” a la policía en un cruce de piernas considerado histórico en los anales (con perdón) del cine. Ella ha vuelto a hacerlo. Y el personal ha babeado con la posibilidad de pillar un vale en Corporación Dermoestética para que su señora recupere la lozanía. Tampoco hace falta la presión de la parte contratante: nosotras mismas nos sabemos presionar solitas y compararnos mejor que nadie con esa compañera de instituto a la que no veíamos desde hace diez años.
Pero, como bien dijo Walt Disney en su obra “La Bella y la Bestia”, la belleza está en el interior. Y resulta que ahora la edad es una cuestión de actitud vital, luego, además de estar maravillosa, hay que ser positiva, optimista y sonreír mucho, que la sonrisa puesta por la vida tira de los músculos de la cara hacia arriba y recuperas el óvalo facial sin necesidad de hacer el pino. Mucho Paulo Coelho desde primera hora de la mañana, un blanqueador dental y a seguir triunfando porque tú lo vales.
Pero tranquila si lo del buen rollito no se te arregla porque no terminas de conciliar tu horario laboral con las consultas del médico de tu madre: tienes a tu disposición un amplio repertorio de productos cosméticos para que cumplas con tu obligación de parecer diez años más joven. Se acabó lo de arrancar de las revistas las muestras gratuitas y embadurnarte : existen los tratamientos alisantes que restauran las zonas fragilizadas por los gestos de ojos y labios (51 euros), los tratamientos intensos bio-peeeling reductores doble eficacia, con micronácares verdes para atenuar las imperfecciones (75 euros) y lo que debe ser ya la panacea: la orchidée impériale (no confundir con la canción de Luis Mariano) que en menos de un mes reduce las arrugas en un 50 %, y además proporciona más firmeza y resplandor (300 euros).
Así que, maja, a preparar la hucha. Recuerda que el tiempo desvanece el vello de las piernas y nos podemos ahorrar un pastón en depilación para dedicarlo al colágeno y el bífidus activo con L-Casey Inmunitas. Y consuélate si no te da el presupuesto: Charo López es muchísimo más bella que Charon Stone. Y mil veces mejor actriz.