Sunday, April 06, 2008

Cuento para Sara

Vaya...he perdido el nombre de la ilustradora (creo que era una mujer) cuya creación inaugura este post. En cuanto pueda corregiré el despiste.

He estado de vacaciones, feliz como perdiz...y alejada y fuera de cobertura de todo lo que no fuera relax y disfrute.

A la vuelta, Maldoror, que ganó el Tintero nos ha propuesto escribir un cuento para su sobrina Sara, que acaba de cumplir un añito. La peña ha escrito preciosidades; Thinkerbell esto:



Érase una vez una niña chiquitita, pelirrubia, culigordi y pecosuela que vivía con su madre y con su padre en un pueblo que a veces era grande y a veces pequeño. La niña – chiquitita, pelirrubia, culigordi y pecosuela- se llamaba Sarita Sara.

Sarita Sara a veces se ponía un poco triste porque en aquel pueblo que a veces era grande y a veces pequeño, no vivían otros niños con quienes jugar,
Así que un día, sin que su mamá lo supiera, se fue hacia un bosque, que unas veces era cercano y otras lejano, para buscar amigos y con ellos jugar a la zapatilla por detrás tris tras.

Cuando llegó al bosque se encontró con una mariposa chiquitita, arcoiris, alifina y ligeruela y le dijo:

-Mariposa, mariposina,
¿quieres jugar conmigo?

-¿Y a qué quieres jugar?

-A la zapatilla por detrás,
da tres vueltas y la encontrarás.

-No puedo, no
pues mis alas se romperán.

Así que Sarita Sara tomó con mucho cuidado a la mariposa -chiquitina, arcoiris, alifina y ligeruela- y la colocó en su pelo... y las dos siguieron su camino, que unas veces era largo y otras era corto.

Al poco rato se encontraron con una mariquita chiquitita, rojinegra, paticorta y redonduela y le preguntaron

-Mariquita, quita quita
¿quieres jugar con nosotras?

-¿Y a qué queréis jugar?

- A la zapatilla por detrás
da tres vueltas y la encontrarás.

-No puedo no,
pues mis patitas se romperán.

Así que Sarita Sara tomó con mucho cuidado a la mariquita -chiquitita, rojinegra, paticorta y redonduela- y la colocó en su pelo... y las tres siguieron su camino, que una veces era largo y otras corto.

Al poco rato se encontraron con una oruga chiquitita, anillosa, muchapata y blandizuela.

-Oruguita, oruga
¿quieres jugar con nosotras?

-¿Y a qué queréis jugar?

-A la zapatilla por detrás
da tres vueltas y la encontrarás.

-No puedo, no
pues mis anillitos se romperán.

Y Sarita Sara tomó con mucho cuidado a la oruguita –chiquitita, anillosa, muchapata y blandizuela –y la colocó en su pelo... y las cuatro siguieron su camino, que unas veces era largo y otras corto.

Y camina, caminando y juega, jugando y canta, cantando ninguna se dio cuenta de que la noche se iba echando encima y, de repente, Sarita Sara se asustó mucho porque parecía que los árboles querían agarrarla con unas manos grandes de uñas largas que les habían salido; y también sentía mucho frío y un agujero grande en la tripa cuando se acordaba de la leche caliente que le daba su mamá antes de que se acostara.

Así que la pobre Sarita Sara se puso a llorar.

-Sarita Sara, Sarita Sara
¿Por qué de tus ojos sale agua? –le preguntaron sus amigas

-Porque quiero volver a casa
y no sé por dónde se pasa.

-Nosotras te vamos ayudar,
si vuelves otro día a jugar.

Sarita Sara dijo que sí y entonces la oruguita se volvió de luz y alumbró el bosque y los árboles volvían a tener ramas en lugar de garras. Y como se podía ver, la mariposa y la mariquita iban y venían volando para indicar el camino correcto, aquel que era a veces largo y a veces corto, y Sarita Sara, muy contenta, salió del bosque y regresó a su pueblo, que a veces era grande y a veces pequeño.
Y en su casa, su mamá y su papá la estaban esperando con ganas de abrazarla... y un tazón de leche calentito para antes de dormir.

Y colorín colorado, el cuento de Sarita Sara se ha acabado

(Y colorín colorete, por la chimenea se escapó un cohete)


Sunday, March 16, 2008

EL ÁNGEL VENCIDO

El sábado leí que un anciano alemán, ex piloto de guerra en las costas de Francia, había confesado que él fue el piloto que abatió a St Exupéry.
Bien. Abatiría el avión, pero todos los que amamos al principito sabemos que el aviador se fue al asteroide, ya que había olvidado dibujar una correa de cuero en el bozal el cordero. ¿Y si el cordero se escapaba una noche, silenciosamente, y se comía a la flor?. Allá se fue St Exupéry, a corregir su olvido.
Ninguna persona mayor puede entenderlo, pero el universo no volvería a ser el mismo si el cordero se come la flor del principito.
Thinkerbell ha querido demostrar lo que todo el mundo sabe:

EL ÁNGEL VENCIDO

“No puedo llevar mi cuerpo. Es demasiado pesado”.

Salió del hangar, encendió un pitillo y se sentó a contemplar el cielo de verano. Desde aquella noche en el desierto, el aviador sólo hallaba sosiego contemplando las estrellas, aquellos pozos de roldanas enmohecidas que daban de beber a su único amigo. Recordó su obsesión del principio por encontrar el asteroide B 612, escudriñando el firmamento con los catalejos más potentes, interrogando a sabios y a charlatanes. Pensó que estaba volviéndose loco. Cuando se rindió, pudo aprender a escuchar la eterna armonía de los astros en su fluir continuo. Como en un río.
Él oía reír a las estrellas, como cascabeles. No estaba loco.

“No puedo llevar mi cuerpo. Es demasiado pesado”.
Los aliados avanzaban hacia la Provenza y el Alto Mando necesitaba fotografías de las defensas alemanas en la zona. El aviador se presentó voluntario para la misión, aún con la certeza de que jamás podría completaría. Era un piloto experto, uno de los mejores de aquella guerra que, lejos de heroica, le parecía, simplemente, una enfermedad. Llevaba en su cuerpo viejas cicatrices, heridas de otras guerras, de otras enfermedades igual de letales, igual de cruentas.
Aquella era la mejor mañana para volar.
El aviador, a los mandos de su Lightming P-38, sintió un nudo en su estómago mientras el aparato se elevaba en el aire. Un nudo hecho de remordimientos. Pensó en Consuelo, su frágil flor, y se sintió responsable del extremo dolor con que la marcaría: “Parecerá que me he muerto y no será verdad”. Soltó de su muñeca un brazalete de plata con su nombre grabado y lo colgó de una de las palancas. Alguien lo encontraría y se lo devolvería a Consuelo. Imaginó por un momento a un humilde pescador, atónito, desenredándolo con cuidado de sus redes repletas de pescaditos brillantes, y el nudo le pareció más liviano de soportar.

“No puedo llevar mi cuerpo. Es demasiado pesado”.
El caza alemán apareció desde abajo y se situó detrás de él. El aviador sintió lástima por Horst Rippert, el joven piloto que iba a derribarle y que llevaría sobre sí el oprobio de haber abatido a uno de los escritores que más admiraba.
Así era la guerra. Paradójica y despiadada hasta con los jóvenes héroes de la Luftwaffe.
El momento se acercaba.
El aviador quiso empaparse de la luz del sol y del azul del cielo de julio, retenerlos en su retina para siempre, antes de que llegara la oscuridad.
Comprobó que la libreta y el lápiz se hallaban en el bolsillo de su chaqueta. Tendría gracia decidirse a emprender tan largo viaje para dibujar una correa de cuero y llegar con las manos vacías. Sólo esperaba que no fuera demasiado tarde, que cada noche hubiera recordado encerrar la flor bajo el globo de vidrio y que el cordero no hubiera escapado silenciosamente para comérsela. Todo se arreglaría cuando él llegara. Con una buena correa de cuero el cordero se mantendría alejado de la flor. Entonces el firmamento podría dormir tranquilo.
Todo estaba preparado. Todo empezaba a estar bien.

Un relámpago amarillo rasgó el ala del P-38. El mismo relámpago que se clavó en el tobillo del principito la noche en que se fue para siempre.
El avión fue descendiendo lentamente hacia el mar, sin explosiones, sin quejidos, como un ángel vencido.
La caída dibujó una enorme sonrisa en el cielo azul de julio.
http://www.20minutos.es/noticia/360567/0/piloto/derribar/principito/

Thursday, March 06, 2008

LA COLECCIÓN

He estado ocupada, liada, estresada, malita...
Por eso no he escrito en El Tintero hasta esta semana.
El tema era "Encuentros y despedidas", y Thinkerbell se ha sacado esto de la pluma de ave Fénix:

LA COLECCIÓN
Cuando compruebo las fechas en los cuadernos, no puedo por menos que admirarme de lo rápido que han pasado estos años. El tiempo me engaña, se ríe de mí: anteayer mismo tenía ocho años y debía guardar la siesta, en silencio, sin moverme, mientras las horas se volvían eternas entre el sopor y las moscas; ayer comencé a trabajar en la oficina, inmóvil, callada, invisible, y así he querido permanecer hasta hoy. Mañana me jubilo y podré dedicar todo el tiempo a mi colección.
Comenzó un día por casualidad, como empiezan todas las cosas importantes de la vida. Corría buscando un lugar para refugiarme de uno de esos chaparrones traicioneros de mayo, con goterones que dolían al caer. Nunca me había permitido el lujo de entrar en la pastelería de la plaza para merendar. Siempre Madre esperando mi llegada, mirando el reloj, mirándome a mi después. Pero aquella tarde de mayo ella no me aguardaba en casa. Sólo hacía un mes que había muerto y pensé que un café caliente me quitaría el frío y una trufa bien grande la amargura.
Subí al piso de arriba, un salón coqueto con grandes ventanales que daban a la plaza. Desde aquella atalaya veía a la gente, guarecida de la lluvia bajo los soportales, esperando un sol que, de repente, volvió a reinar, enorme.
Quizá fue la sensación de bienestar que el dulce, el café y el sol me proporcionaron. Quizá fue el sentimiento de libertad recién estrenada, no recuerdo demasiado bien. Pero vi que en la plaza comenzaba algo similar a una danza: la gente salía al sol, como caracoles, se quedaban quietos bajo mi vista, en la puerta de la pastelería, miraban el reloj. Esperaban. Llegaba alguien y se saludaban, entrecruzaban sus manos, se besaban, se abrazaban...y parecía que cada uno de aquellos signos era mío y que cada uno de aquellos encuentros me iba calentando el alma.
A partir de ese día, colecciono encuentros. Me siento en un banco de la estación y miro. Me pongo frente a la estatua de la santita y miro. Me voy al aeropuerto y miro. Me apoyo en una columna del pórtico del museo y miro.
Luego corro rauda a casa y comienza el ceremonial: en la cama tumbada, con la luz apagada y los ojos cerrados. Recordando. Elijo y me pongo nombre. Por ejemplo, ayer me pedí ser la señora del abrigo azul que bajó del vuelo de Barcelona. Me llamo Julia y estoy deseando ver a mi hija Marta y a mi nieto Leo. Regreso de una consulta médica, en la mejor clínica oftalmológica del país, buscando una segunda opinión sobre mi glaucoma. Salgo por la puerta 2 y allí los veo. A los dos. Leo me reconoce y sonríe. Abrazo a mi hija y a mi nieto, los aprieto contra mi y siento el olor a colonia fresca de mi niño adorado. Soy feliz.
Es un encuentro típico de cuaderno azul, porque hay niños. Los de cuaderno rojo son de amor y desamor. Cuando era más joven los prefería, aunque a veces sentía tanto dolor que permanecía triste durante toda la semana. Recuerdo cuando volví a ver a Joaquín, después de dos años del adiós. Lloré durante toda la noche. Y me gustó. He contado veinte cuadernos rojos porque he amado mucho en esta vida, intensamente, con sus luces y sus sombras. El amor siempre es lo más importante, puedo asegurarlo.
Los negros son cuadernos que dan miedo. Una vez me encontré, a la vuelta de la esquina, con los chicos más matones de mi clase. Me pegaron y me quitaron el dinero del bocadillo. Me quedé tirada en la calle, esperando que alguien se compadeciera de una niña cojita y me recogiera del suelo. Fue atroz.
Tengo más, muchos más. Miles de encuentros perfectamente ordenados por fechas y colores.
Y muchos más que seguiré atesorando ahora que, por fin, seré dueña de mis mañanas, mis tardes y mis noches. Añadiré encuentros a mi colección, sí, quizá varios cada día.
Me dedicaré a vivir muchas vidas, todas las que desee.
Mientras me quede tiempo

Thursday, February 14, 2008

PICARDÍAS


Mi vesina la Fefa ganó con un relato de novela negra muy, muy currado.
Y no se le ocurre otra cosa que proponer de tema "Camisón".
Para que no me llaméis triste o vampírica, esta semana me he puesto levemente frívola...
allá va:
PICARDÍAS

Frente al escaparate de la lencería, Raquel no pudo por menos de acordarse de uno de los Consejos para la Vida legados por su abuela Carmen:
“Y guárdate un camisón sin estrenar, hija mía, por si te tienen que ingresar en un hospital”.
No era aquella una tarde para pensar en hospitales. Febrero se había disfrazado con un sol primaveral, algo acatarrado, que, aun sin calentar el cuerpo, conseguía que el final del invierno se presintiera. Un engaño, porque aún quedaban heladas para asesinar los insensatos brotes del seto. También la escapada romántica a la que Antonio la había invitado podía ser un espejismo. Como el sol de aquella tarde de febrero.
Pero, aún así, Raquel se hallaba frente a un escaparate de lencería, sintiéndose entre ridícula o cobarde. Si se dejaba llevar por su fantasía y resultaba que Antonio carecía del toque gamberro que ella le había intuido, volvería a hundirse en el fango de la ignominia y perdería la poca dignidad que le quedaba. Si, por el contrario, no se atrevía, se iría convirtiendo en una respetable señorita de mediana edad, y se vería obligada a ataviarse con un collar de perlas majórica y un traje de chaqueta. Terrorífico.
Por eso quizá había llegado el momento de cumplir con un viejo sueño: emular a aquellas divinas actrices de la época del destape y sorprender a su recién estrenado amante con un numerito inolvidable que marcaría un antes y un después en su relación. El escenario, la habitación del hotel de París donde pasarían el fin de semana. Antonio en la cama, esperando con ansiedad que ella salga del baño. Se abre la puerta e, iluminada por suave luz, aparece ella, sensual y voluptuosa, esparciendo feromonas a su alrededor ( y ahí viene la parte más fashion del programa de festejos), vestida para la ocasión con un picardías transparente rojo con encaje negro, o con un transparente picardías negro con encaje rojo. Y liguero a juego, por supuesto.
Era una apuesta demasiado arriesgada. Al fin y al cabo, apenas hacía un mes que se habían conocido y todo parecía tan fluido y fácil entre ellos que Raquel aún permanecía sumida en cierto estado de estupor. Porque la aparición de Antonio en aquel momento preciso de su vida parecía el resultado de que los dioses, reunidos en asamblea, y con una conjunción astral favorable, hubieran decidido hacer un acto de justicia poética y compensarla por todos los escarnios con los que, en materia de amores, fue obsequiada en el pasado. Vestirse de Nadiuska en su primer viaje romántico quizá fuera algo excesivo, por mucho que a ambos les gustase compartir travesuras.
Pero también habían sido demasiados años de pijamas de franela y de camisetas viejas de algodón y demasiados años con un camisón de novicia guardado en el cajón por si un día tenía que ingresar en un hospital. Un hombre que te gusta tanto como para que te embadurnes la cara con serum alisador con efecto lifting y partículas de caviar en tu primera cita, es una oportunidad única en la vida, y Antonio se merecía que ella le enseñara su esencia de payasa en la Ciudad del Amor.
Y, como desde hacía un mes había recobrado la fe en los dioses y el sol de febrero le estaba dando la razón, entraría en aquella tienda y se compraría el picardías más hortera que encontrara.
Total, para lo que le iba a durar puesto...

Wednesday, February 06, 2008

LA MÁSCARA BLANCA

Thinkerbell ganó el Tintero con ese viaje a La Habana...ains: cómo se nota cuando las palabras salen del corazón (poniéndolo todo perdido).

Ya que estábamos en Carnaval, nada mejor que proponer como tema de escritura un "Baile de máscaras". Aquí podréis leer el relato de la Thinker...con un malo muy, muy especial :-P

LA MÁSCARA BLANCA

Sobre la mesa, máscaras. Máscaras serenas, grotescas, solemnes, exóticas, hermosas. Máscaras para el último viernes de carnaval. Máscaras para salir de caza.
La manos frías y transparentes de Antonio Rocco della Valera, deán del distrito de San Marcos, acarician cada una de aquellas caretas. Es una ceremonia que se repite cada año, desde que hubo una primera vez en la que se sintió con poder suficiente para hacer realidad aquellas fantasías inconfesables. Su fiel Beppo, el único que conoce su secreto, las rescata de un oculto nicho y las expone con mimo sobre la mesa del gabinete privado a las doce de la noche del último viernes de Carnaval, para que él las palpe con los ojos cerrados, rememorando con deleite sensaciones vividas de placer extremo, recreándose en los recuerdos de susurros y de gritos ahogados, reviviendo un latido que se extingue entre sus dedos. Hace falta toda su férrea voluntad para abortar la erección. Todavía es pronto, más adelante.

Lucrecia Batista gira sobre sí misma, arrebolada, borracha de gozo. Es la primera vez que su padre le ha permitido asistir al baile della Cavalchina, en la Fenice; y Lucrecia, sus dorados cabellos cubiertos por la mantilla, sus glaucos ojos tras el antifaz, y un vestido que estrena de audaz color magenta, danza y danza entre bailarines anónimos cuyos verdaderos rostros y verdaderas identidades han sido suplantadas por máscaras serenas, grotescas, solemnes, exóticas o hermosas. Mañana, después del desfile de góndolas, cada uno volverá a sus grandezas o a sus miserias, pero ahora ricos y pobres danzan y el uno es el otro y el mañana no existe en esta última noche de Carnaval.
Lucrecia Batista gira sobre sí misma hasta que la danza, la opresión del corpiño y la vorágine de colores a su alrededor están a punto de desvanecerla. Una mano enfundada en un guante de suavísima piel blanca ciñe su breve cintura para evitar la caída y Lucrecia atisba, entre la bruma que precede al desmayo, una maschera nobili, blanca, neutra, sin facciones. Una máscara que no propone, solo oculta. Después, todo se torna negro.

Le despierta el frío y un intenso aroma a incienso a su alrededor. Sobre sus ojos, la máscara blanca y unas manos casi transparentes que surgen de una capa negra de seda, que arrancan su corpiño, que manosean con lascivia sus albos senos, que impregnan su piel con el sudor gélido de la lujuria desatada. Ella adivina lo que va a ocurrir y llora suavemente, implorando clemencia. Encima de ella, la máscara blanca se agita cada vez más convulsa mientras las manos viscosas de reptil se ciernen alrededor de su cuello y lo aprietan al ritmo de los embistes, cada vez más fuerte, cada vez más hondo, hasta el espasmo final. Después, de nuevo la calma, una oración susurrada a toda prisa y el silencio.
- Arroja el cuerpo al Canal y vete a casa- le dice a Beppo. Y el hombre de la máscara blanca y la capa negra de seda, vuelve la espalda y se va.

Beppo Batista enciende el candil y se dirige, cansado, hacia el fondo del callejón. La tenue luz ilumina el vestido magenta que su hija estrenaba y un terrible alarido de animal herido brota de sus entrañas y se confunde con la traca de fuegos artificiales que ponen fin al Carnaval.

El desfile de góndolas enfila el Gran Canal. Las luces de las antorchas encendidas apenas consiguen hacerse ver entre la espesa niebla con la que la laguna se venga por tantos días de excesos. Empieza Cuaresma y el ambiente fantasmagórico se alía con ella y contribuye al deber de recogimiento y penitencia. Hay un pesar en los corazones de las comparsas que, resacosas, lloran por el Carnaval que ha concluido.
La primera góndola va a pasar bajo el Puente de Rialto, pero se detiene de improviso cuando un clamor unánime sale de las gargantas de los pasajeros. Las antorchas, con su escasa luz de fuego fatuo, han iluminado un cuerpo desnudo que, ahorcado, se bambolea como un ridículo muñeco.
Es el cadáver de Antonio Rocco della Valera, deán del distrito de San Marcos. Apoyadas sobre el puente, en extraña exposición, trece máscaras y trece nombres de mujer.

Thursday, January 31, 2008

RABO DE NUBE



La semana pasada ganó el Tintero Ritman (blues), uno de mis escritores preferidos. El tema que ha propuesto para esta es "Vientos del Caribe", lo cual me ha ofrecido una oprtunidad largamente soñada: Volver a Cuba.
Es lo que tiene la imaginación de los pobres: a falta de pecunio, cerramos los ojos y...¡a volar!

Os dejo el relato que la Thinkerbell ha escrito esta vez. Los escenarios y alguno personajes son reales. Ojalá la vida me permita volver a estar con Galia Chang. Y con Olga Marta...



RABO DE NUBE




Mientras espera la llegada del camello, Galia Chang mata el tiempo contemplando cómo una luz marengo se empieza a adueñar del horizonte. A esas horas del atardecer, el Caribe se viste con un camisón de plata para echarse a dormir, pero hoy, muy a lo lejos, hay una columna gris. Va a cambiar el viento.

- No tengas pena, m´hijita –dice la voz del señor Alejo- No es un rabo de nube, ya tú ves, sólo que se nos viene encima un Gusanero

Cuando la radio avisa de que se avecina un gusanero, los habaneros se apresuran a colgar de azoteas y balcones los artilugios más inverosímiles para que ejerzan de antenas, en dirección a Florida. El paisaje urbano se llena de palos de escoba que sujetan perchas, esqueletos de paraguas enhiestos de cables o tremendas cazuelas oxidadas de cuyo centro parten mástiles. Tecnología de supervivencia para robar una noticia subversiva o el final de la telenovela de moda. Todo vale para que el gusanero, el viento que viene de Miami, consiga entrar en casa.

Galia Chang y el señor Alejo suelen encontrarse en el camello que sale a las 7 de la calle 23 de Vedado y que dos horas más tarde llega a Alamar, donde ambos viven. De compartir trayecto se conocen y, de vez en cuando, si el cansancio de Galia Chang lo permite, conversan. El señor Alejo es un viejito ,prieto alto y muy delgado, casi quijotesco, que gusta de ganarse la vida de manisero. Pasea su mercancía buscando turistas europeas a las que embelesa con su figura de postal típica y sus halagos. Vive agregado a una hermana ciega cerca de Galia Chang, en un cuartucho húmedo y sin ventilación que no hace más que agravarle el asma que padece. Puede que hoy Galia Chang comparta con él parte de los antihistamínicos que Esther le ha mandado desde Madrid con unos amigos. El paquete es enorme y Galia Chang sonríe pensando si además de los medicamentos, se habrá acordado del conjunto de lencería rojo que le prometió. Pero llega el camello, como un dragón metálico y renqueante, y ambos se introducen en sus tripas para iniciar el regreso a casa.
Hoy queda un hueco cerca de la ventanilla para ver cómo el muro del Malecón, como en cada puesta de sol, se va llenando de grupos de jóvenes y música. Es una estampa diaria que a Galia Chang no le llama la atención. Esta vez no puede apartar los ojos de la columna gris, que le atenaza el ánimo.

- Tremendo nubarrón, m´hija. Voy a contarte una historia de cuando era un finito en casa de mi abuela, allá en Pinar del Rio, pa ver si te quito esa cara de ajalolá que tienes hoy. Ocurrió que se nos venía encima un ciclón, no recuerdo el nombre, pero era del tiempo en que todos llevaban nombre de mujer, vaya a verse el sentido. La casa de la abuela Inés era, por entonces la única de ladrillo cocido, con un buen tejado de hormigón que el abuelo y mi padre le habían colocado para que durara su tiempo. Cuando el primer tornado apareció y el rabo de nube se llevó los bohíos de los alrededores, los vecinos corrieron a refugiarse a la casa de la abuela Inés, en la que ya estábamos todos nosotros, con lo largas que entonces eran la familia. Yo, con la inconsciencia de la niñez, jugaba a carreras por las habitaciones junto con mis hermanos, primos y vecinillos: ya tú ves: un ciclón dentro y otro fuera. Para nosotros era una fiesta especial. No dejaban de tocar puerta y de venir. El viento soplaba com si quisiera arrancarnos, y los truenos retumbaban en nuestros oídos. A cada uno de ellos la abuela Inés relataba.
- - Santa Bárbara bendita, acompáñanos; San Isidro labrador, acompáñanos; Santa Virgen de Regla, acompáñanos- Y yo, que miraba pa´alrededor y solo veía cabezas le solté:
- - ¡Quite ya, viejita, que ya no hay casa pa tanta gente!
El interior del camello estalló en una carcajada a la que siguió un apretado aplauso.
Galia Chang, entonces, decidió que aquella misma noche, así se la llevara el gusanero, bajaría al cuartucho del Señor Alejo y, además de los antihistamínicos, compartiría con él un vasico de ron. Por el buen rato.


Wednesday, January 23, 2008

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL SIDA



El Capitán Alatriste, que ganó el Tintero anterior, ha querido rendir homenaje a la famosa novela de García Márquez, tan de moda gracias a la película. Hace muchos años que leí el libro, me acuerdo que estaba convaleciente de una operación. De él recuerdo, especialmente, la escena en que la protagonista, una chiquilla criolla, visita el mercado acompañada de su ama. La historia de amor en cuanto tal...no demasiado.


He querido actualizar el tema propuesto. La escritura del relato me ha costado especialmente por micercanía a lo que relato. No ha sido mal ejercicio...



EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL SIDA

En sus manos, aquellas fotos. Desde que escuchó las palabras del médico pronunciando la absolución, Flor deseaba, más que cualquier otra cosa, llegar a su alcoba, rescatarlas de su escondrijo y atreverse a mirarlas.

Fermín y ella tenían dieciséis años cuando se besaron por primera vez, después de largos meses presintiéndose por los pasillos del Instituto. Aquella mañana comenzaban las vacaciones de Navidad. Se escaparon de la mano, entre una barahúnda insolente de muchachos que corrían por las calles del casco viejo, ebrios de vida y de vino barato. Fermín y ella, que entran en un fotomatón para inmortalizar su primer día juntos: cuatro fotos desteñidas en las que dos adolescentes se descubren, se miran, se ríen, se abrazan. Para siempre.
Bajo el pedestal de la estatua de un desconocido a caballo, alguien del grupo les pasó el canuto y ellos aceptaron. Aquella fue también su primera vez.
Eternamente inocentes.

Recuerda el concierto, no así quién oficiaba aquella desenfrenada liturgia de excesos. Daba lo mismo. Cualquier excusa era buena para continuar la juerga, para empalmar los días con las noches siguiendo un único rumbo: el que señalaba el descenso en picado hacia la ruina. Por aquellas fechas comenzaron los trapicheos, los tirones de bolsos a las indefensas abuelas, las entradas y salidas a comisarías, la desesperación de su madre. ¡Qué importaba! Fermín y ella siempre juntos, durmiendo dónde podían, cada día más flacos. Le amaba tanto que hubiera dado todo por él. Incluso su dosis diaria.
No consigue recordar bien los detalles de aquella foto. Fermín la envuelve entre sus brazos; quizá estuvieran sujetándose el uno al otro para no caer al suelo. A su lado Elena y Toño y, por detrás, Jaime Gonzaga. De los cinco, sólo ella sobrevive.
Eternamente jóvenes.

Le comunicaron el embarazo al mismo tiempo que la infección por V.I.H. Si la primera noticia la dejó perpleja y confusa, esperaba la segunda sin engañarse. Alguna vez Fermín y ella habían conversado sobre aquella pandemia de la que sólo se sabía que mataba. Y aceptaban su destino, cómo no, siempre que les alcanzara juntos. Incluso alguna vez habían fantaseado con emular a Romeo y Julieta e hincarse la muerte en vena antes que dejarse vencer por aquellas vergonzantes pústulas.
Un instinto antiguo, sin embargo, iba creciendo en su interior al mismo tiempo que aquella pequeña vida que, tozuda, resistía. Y por esa fuerza que emanaba de sus entrañas aceptó la ayuda de su madre, que les pagaba el alquiler, les llenaba el frigorífico y les acompañaba al médico.
Sin embargo no fue capaz de contagiar a Fermín con ese germen de esperanza. Fermín se iba. De casa, de su lado y de su vida. Ella, a veces, le seguía; por protegerle, por estar a su lado. O porque eran muchos años buscándose la vida. Pero bastaba con sentir el movimiento de su hijo, una marea en su vientre, para que recobrara las ganas de salir adelante.
Tomaron la foto el día que, por fin, se pudieron llevar a la pequeña Sara a casa. Y la imagen es una premonición : ella sonríe con su niñita en brazos. Fermín, cerca, aparece difuminado, consumido, ajeno.
Eternamente unidos.

Acababan de confirmar que la niña había neutralizado completamente los restos de VIH heredados de su madre y que, definitivamente, estaba sana. Flor apenas había empezado a desprenderse de la angustia de aquellos meses de incertidumbre cuando, una mañana, encontró a Fermín agonizando. Se tomó aquellos instantes que les quedaban para volver a mirar sus ojos adolescentes como en aquella foto, para envolverlo entre sus brazos como él hizo con ella en aquel concierto, para verter en su oído las palabras más hermosas. Cuando se fue, sintió que una paz desconocida le sembraba el corazón de sal.

Hoy el médico le ha dicho que su sangre no revela signos de la enfermedad, aunque ésta haya marcado su rostro con una máscara inconfundible.
Sara tarda en volver del Instituto y Flor se estremece de miedo, con las fotos entre sus manos.
Eternamente

Tuesday, January 08, 2008

ÚLTIMA CARTA




Antes de nada...¡Feliz 2008, gente!.
Os dejo el relatillo del Tintero de esta semana.
Tema propuesto por Angeliko: "Leer entre líneas".
Estoy con una contractura en el hombro que pa qué...
ÚLTIMA CARTA
Ahí estaba. Escondida entre la maraña de propaganda, traviesa, apareciendo entre las demás como aquellos payasos de muelle que saltan al abrir el regalo en las películas de dibujos animados. ¡Sorpresa!.
No había sorpresa. Llevaba esperando aquella carta desde que la mirada de él le susurró “yo también te amo” por detrás de la mampara de cristal de la Caja. Meses de signos cómplices, semanas de palabras disfrazadas, días de sutiles caricias al intercambiar recibos, noches esperando el alba y la hora de apertura al público del Banco donde él trabaja. Sabía que, en algún momento, él pergeñaría la mejor manera de propiciar un encuentro. Los dos libres del disimulo. Por fin.
Sus piernas, a menudo torpes e hinchadas, subieron las escaleras al ritmo galopante que marcaba su corazón. Necesitaba rasgar aquel sobre, desvelar su contenido, empaparse con sus palabras, rebozarse entera con aquel papel que sus manos habían tocado. Sonrió admirando la brillante estratagema de esconder el mensaje bajo la apariencia insignificante de otra común carta del Banco.
No perdió tiempo en quitarse el abrigo. En el mismo vestíbulo de su diminuto piso arrancó el papel y con la ansiedad percutiendo en sus sienes devoró el texto escrito en cualquier imprenta. No entendió nada. ¿De qué productos financieros hablaba?.
Tomó aire y trató de tranquilizarse. Nada mejor que acogerse a sus rutinas, a su batita de estar en casa, sus zapatillas y su poleo caliente, para recuperar la calma necesaria que le ayudara a desentrañar las claves ocultas del mensaje. Porque estaba claro que su jovencísimo cajero, audaz y prudente, había enmascarado sus palabras para que sólo ella pudiera leerlas. Desconectó el teléfono. Evitar las distracciones, concentrarse, encontrar el hilo para desenredar el misterio.
La despertaron al mismo tiempo una revelación y el relente de la madrugada. ¿Cómo es posible que no se le hubiera ocurrido antes? Había perdido toda la tarde y buena parte de la noche recosiendo palabras a partir de la primera letra de cada línea, o de la tercera a partir de punto, o las que se correspondían con fechas señaladas: su cumpleaños, su jubilación, el día en que abrió la cuenta, la primera vez que él le dijo “Qué guapa estás, Manolita”. Y había encontrado absurdos, paradojas, tonterías. Hasta que en sueños recordó la receta de la tinta invisible. ¡Cómo había sido tan estúpida! Lo había leído cientos de veces en sus novelas de amor. Zumo de limón en lugar de tinta y pasar la plancha caliente para que apareciera, como por arte de magia potagia, el codiciado mensaje. Le imaginó en los baños de la sucursal, escondido de sus compañeros y jefes, impregnando con sumo cuidado el fino pincel, escribiendo con prolija caligrafía entre las líneas de aquella fría misiva que ahora ella se sabía de memoria y dio gracias a todos los dioses por haberle regalado, a las puertas de la vejez, la pasión y el romanticismo de un hombre con tanta ternura como su jovencísimo cajero.
Pero el calor de la plancha sólo le produjo una nueva decepción y esta vez no pudo reprimir un llanto que la desbordó sin desahogarla. Luchaba contra un cansancio antiguo, hecho del cúmulo de muchas derrotas, y no encontraba báculo donde apoyar las pocas fuerzas que le quedaban para seguir buscando. Sólo la sostenía la convicción de que no podía perder la última oportunidad que la vida le deparaba. Por eso esta vez seguiría escudriñando aquel odioso papel hasta dar con la llave que abriría la puerta de su felicidad. Era de justicia.

Cuando los bomberos consiguieron entrar en su domicilio, Manolita seguía llorando, rodeada de un puzzle inconcluso de palabras recortadas de cientos de cartas de su entidad bancaria. La voz de alarma la había dado una teleoperadora argentina, preocupada porque una señora mayor no cesaba de llamar a Atención al Cliente preguntando día y noche por su amado, un jovencísimo cajero cuyo nombre desconocía.


Tuesday, December 11, 2007

LA MUÑECA



De nuevo gané la edición del Tintero. Y tan contenta, la verdad.
He propuesto el tema de "La muñeca" porque me parece bastante sugerente.
Acabo de colgar el siguiente relato, por cambiar de registro y dejarme de mendigos, pícaros y mendicantes en general.


TIENDA DE ANTIGÜEDADES
Hubiera jurado que ayer mismo esa tienda no existía. No le extrañó: últimamente sus paseos por el barrio, no eran sino un vagar de autómata, un engaño para distraer el rumor perpetuo de su mente. Marie.

Sin embargo, allí, parado ante aquella tienda de antigüedades, algo similar a un presentimiento le iluminó por dentro. Encontrar un regalo para Marie. Algo único, sólo para ella. Algo que consiguiera devolvérsela para siempre.

Decidido, empujó la puerta. Un sonido de mil campanillas anunció su llegada mientras sus ojos se iban acostumbrando a una penumbra apenas rota por la luz marchita de algún quinqué ubicado en cualquier lugar inverosímil del local.

No pudo por menos de maravillarse: la tienda era una gran tela de araña en la que alguna deidad caprichosa se había entretenido arrojando todos y cada uno de los objetos que alguna vez existieron. Admirado, desconcertado y aturdido intentaba hacerse paso entre la montonera, descubriendo aquí y allá dentaduras postizas, peines, frascos vacíos, diarios viejos, cajitas de rapé, libros sin tapa, violines sin cuerdas, lágrimas de cristal, juguetes de hojalata, pamelas, bombines, viseras, soperas de porcelana, banderas, retratos en sepia de jóvenes muertos, maniquíes desnudos... Conmocionado, creyó distinguir la sonrisa de una mujer balanceándose de un gancho de carnicero, pero no era sino un reflejo. O quizá una alucinación.

-Disculpe por la oscuridad- dijo una voz a sus espaldas- pero la instalación eléctrica en este barrio falla constantemente.

El viejo parecía uno más de aquellos cachivaches de pesadilla. Su voz apenas se distinguía del crujir de las tablas del suelo.

-Buscaba algo especial-atinó a responder
-¿Para una dama, quizás?. Una joya siempre es apropiada. Venga conmigo.

Le llevó ante un mostrador y fue desperdigando un surtido de fruslerías ajadas por la pátina del tiempo. Un camafeo consiguió llamar su atención, pero lo desestimó en seguida. No era eso lo que buscaba.

El viejo le clavó la mirada. Una llama maliciosa se abrió paso en sus ojos:
-Si lo que realmente desea es algo único, creo que lo que voy a mostrarle le va a interesar. Sígame.

Le condujo a la trastienda, una especie de cueva fétida en la que la amalgama de trastos inútiles era aún más intrincada, aún más oscura.
En un anaquel, de frente, brillaba con luz propia una muñeca.

La vio y, al instante, sintió que todo a su alrededor se desvanecía. La sonrisa inexpresiva de la muñeca actuaba como un inmenso imán al que era imposible oponer resistencia. Su voluntad y sus sentidos estaban siendo absorbidos por ese ser cuyas facciones se diluían hasta convertirse en las de su amada Marie.
Muy a lo lejos oía la voz del viejo, a pesar de que el aliento de su boca le rozaba la nuca:
-Esta muñeca tiene su historia, monsieur. Pero ahora no es tiempo de contarla. Sólo puedo decirle que mujeres muy importantes la han tenido bajo su custodia. Sin ir más lejos, se encontró al lado del cuerpo sin vida de Romy Schneider, aquella inolvidable y desdichada actriz.

La necesidad de tomarla entre sus brazos se adueñó de él. Cuidadosamente, si fuera un hijo recién nacido, la bajó de su altar y la meció, mientras su mente canturreaba las antiguas nanas con que su madre le dormía. Toda la tristeza del mundo se le agarrotó en el corazón. Toda su fuerza vital, todas sus esperanzas, todas sus ganas de vivir estaban siendo suavemente devoradas por la sonrisa de la muñeca. Era tan fácil dejarse llevar...

El viejo continuaba ya apenas audible:
-No debiera dudar en llevársela si en realidad lo que más desea en el mundo es recuperar el amor de Marie.

Marie. Escuchar su nombre rompió el hechizo; entonces pudo comprenderlo todo.
Aterrorizado, arrojó la muñeca en brazos del viejo y salió de aquel lugar, derrumbando a su paso los miles de objetos que interceptaban su huida, rasgando para siempre la telaraña hasta conseguir respirar el aire del boulevar. No miró atrás.

- Imbécil- dijo la muñeca al viejo- Lo has echado todo a perder.





Tuesday, December 04, 2007

Cuento de Navidad


El tema de "El Tintero", en esta semana, es
la hipocresía.
Con mi pícaro quedé segunda...por un voto.
La verdad es que cada vez me la trae más al pairo la cuestión del pódium, ni os imagináis la gresca que se monta por eso.
Bien, ahí os dejo mi particular cuento de Navidad, época hipócrita donde las haya
A las doce de la mañana del día de Navidad, el juez ordenó el levantamiento del cadáver de Belén Pastor Reyes, la indigente que, desde finales del verano, pernoctaba en los soportales de Lefties, en la Gran Vía madrileña.

La noche anterior, sobre las 9, Moisés Falsario, guardia de seguridad de la tienda, vio como la ahora difunta procedía a envolverse en el revoltijo de mantas mugrientas del que él mismo la extraía a primera hora de cada mañana, antes de que llegaran sus jefes. Pensó en telefonear a los municipales para que le proporcionaran albergue en esa noche tan señalada, pero temiéndose otro chorreo de ofensas y recordando que la Renfe cerraba a las diez, optó por echarse una carrerita para, con un poco de suerte, llegar a su barrio con tiempo de tomarse unas cañas con los colegas antes de cenar.

Una hora después, Dª Pura García de Engaño se detuvo ante el escaparate de la tienda atraída por el reclamo de un chaquetón rebajado. Con el rabillo del ojo atisbó un bulto informe entre las sombras, que no tardó en relacionar con alguno de los muchos mendigos que infestaban las calles de la ciudad, como una plaga inmunda venida de no se sabe dónde y cuya presencia deslucía la alegría y la paz de aquellas entrañables fechas.
- El Ayuntamiento debería recogerlos- pensó- que mira que molestan.
Y siguió su camino, Gran Vía abajo, mientras trataba de decidir si regalar el chaquetón rebajado a la estúpida de su cuñada o endiñarle el frasco de colonia de la cesta de la empresa. Bien envuelto, eso sí.

Cerca de la una, los señores de Falaz y sus dos hijos adolescentes, retornaban a su domicilio después de asistir a la misa del Gallo en medio de una monumental bronca. La discusión, motivada por la hora de regreso a casa en Nochevieja de los dos retoños, originó una taquicardia de tipo nervioso en Dª Hipólita, la madre de las criaturas, sobre todo al escuchar del hijo que tan esmeradamente había educado, que pasaría olímpicamente de visitar a su abuela en la Residencia de no ser reconocidos sus derechos de libertad horaria. Mientras esperaban que la madre recobrase la calma se fijaron en el amasijo de mantas, oportunidad que no dudó en aprovechar el señor padre para señalarlo como ejemplo del futuro que podrían esperar de proseguir con sus ansias de vida disoluta y descarriada. Recuperada la señora de Falaz del soponcio, reemprendieron marcha y discusión.

Sobre las tres y media de aquella madrugada, tres cooperantes de la “Fundación Madre Amparo pro Damnificados del Dengue”, hicieron una parada en la esquina de Valverde para vaciar el esfínter, a punto de rebosar tras una copiosa cena de hermandad en la que la ingesta de alcohol había alcanzado dimensiones épicas. Mientras competían en concurso por la cantidad y longitud de las meadas, advirtieron un cuerpo completamente sepultado bajo una maraña de trapos, y, como pudiera esperarse de tres jóvenes de espíritu solidario y altruista, corrieron hacia el presunto necesitado con la intención de darle auxilio. Sobre todo en una noche como aquella. Pero por más que agitaron, sacudieron y zarandearon, no pudieron sacar de aquello más que una serie de gruñidos, interpretados por el segundo clasificado, logopeda de profesión, como un “´Jame en pá, joé”, voluntad que acataron encantados de poder seguir la juerga sin complicaciones.

Ya amanecía cuando varios asistentes a la Kdada navideña del Canal “Gótikos” llamaron al 112, al observar que las maniobras de reanimación que el conocido como WalPurgis ejercía sobre el cuerpo de una indigente que yacía en los soportales de Lefties, en la Gran Vía madrileña, no encontraban respuesta alguna.
Las únicas luces que brillaron en aquel amanecer fueron las de la UVI móvil que se desplazó al lugar de los hechos. La única melodía que se escuchó fue el ulular insistente de las sirenas de la policía. Los chicos de la Kdada y los trabajadores del servicio de limpiezas dieron en silencio el último y único adiós a Belén Pastor Reyes.
Aquella no fue una Feliz Navidad.









Saturday, November 24, 2007

EL PÍCARO

Pues, niños y niñas...¡Mis heavys ganaron el concurso semanal del Tintero!
Tan contenta que me puse, ya tú ves...
El premio consiste en proponer el tema de la edición siguiente, así que la Thinkerbell, pa compensar el efecto astringente de la semana anterior, ha querido que los contertulios eligieran libremente un título de la obra de Fernán Gómez y escribieran sobre ello.
La Thinker ha escrito esto:

EL PÍCARO


Cap. IV: De cuando Fernán de Gómez se empleó de asustaviejas.

Aconteció que una vez recuperados mis pobres huesos de la tunda de aquellos cabezas rapadas, víme de nuevo en la santa calle y con la panza mal acostumbrada a las sopas y purés de la Seguridad Social.
Durante tres días vagué por las muchas obras que en la Capital se hacían, buscando empleo de peón de albañil y encontrándome con que oficiales y capataces preferían dar trabajo a otros desharrapados pero de distinta color de tez que, al carecer de papeles, carecían asimismo de derechos y contentábanse con limosna en vez de sueldo.
Más quiso Fortuna que El Miserias volviera a cruzarse en mi camino y, buen conocedor de albergues y sitios de caridad donde descansar huesos y aliviar gazuza, ofrecióme auxilio y yo, convencido por los palos recibidos de que no es lugar seguro para reposo un buen lecho de cartones, accedí gustoso a ello, aunque precavido, pues de sobra conocía las triquiñuelas del Miserias, más empeñado en vivir sin arrimar el hombro que en hallar ocupación honesta cual era mi caso.
Poco tardé en confirmar mis temores, ya que mi compañero vino en proponerme negocio, el cual tan fácil parecía que al instante tuve sospecha. Consistía en compartir techo con otros tantos mendas, mas con el encargo de causar destrozos y organizar timbas y saraos estrepitosos y a deshora. A cambio, además de cobijo, recibiríamos cumplido jornal.
El inmueble en cuestión hallábase sito en la Calle de la Luna y era más esqueleto de ballena que edificio habitable. Ocupamos junto al resto del clan de alborotadores lo que en tiempos pudo ser ático, hoy cochiquera, y, cada vez que obligado me veía a subir y bajar por aquellas escaleras sin luz que alumbrara, temía caerme hasta el infierno, pues los peldaños, de roídos, parecíanme de papel más que de madera y tal era el crujir en la pisada que semejaba a aquel que dicen de los dientes de condenados en el Averno.
Pronto me dio el entendimiento en conocer que había hecho acuerdo sólo para alejar de aquel antro al resto de vecinos, gente de mucha edad y mucha pobreza, con el fin de que los patrones dispusieran a su gusto y sin mucho gasto de aquel emplazamiento para futuras y carísimas construcciones, lo que más riqueza les deparase. Aunque asqueado, el bisnes permitíame cierta bonanza, tan añorada otrora, mientras continuaba vía crucis en busca de laboro. Y en eso continué, acallando conciencia, mientras pasaba las noches aguantando regaettones y curdas de los demás, entregados a cumplir su encargo con pasión.
Mas poco dura la dicha en la casa del pobre, pues héte aquí que los oros se volvieron bastos una tarde que regresaba de mi habitual periplo y encontréme, en el zaguán, con una viejecita cargada como mula, con incontables bolsas de comida, apenas arrastrándolas por el mugroso suelo. En el fondo de mis tripas removióseme un sentimiento antiguo, no mariposas, como acostumbran a decir de los enamorados los afectados por el ridículo y la cursilería, sino más bien la añoranza de madre, pues, no habiendo conocido a la mía, dióle al magín por pensar si de estar viva podría hallarse en tal situación, sin socorro de mozo que cargar sus bolsas pudiera. Así que, tocado por gentileza acudí presto en su amparo, con tal mala ventura que, en estando en el tercer piso, rugió la madera con tal estrépito que fuera aún mayor en comparanza y fiereza con la erupción del Vesubio que acabó con Pompeya, y derrumbóse la escalera arrastrándome con ella en su bajada, así como las bolsas de la señora vecina.
Y de nuevo hállome en el lecho del dolor en el hospital del que había salido apenas una semana antes. Las sopas y purés que hicieron mi delicia no son sino caldo a tomar con pajita, pues el episodio de la escalera dejó mi boca viuda de dientes, acompañada en el duelo por quebranto de tibias y peronés. Cierto es que al dolor de encontrarme en tan lamentable estado súmase el pavor a ser de nuevo puesto en circulación, pues es sabido que el desplome fue noticia a destacar en los informativos locales, destapándose a su vez la trama de desalojo inducido del vecindario de la Calle de la Luna. Por esta razón el colega Miserias, sus compadres de cuitas y los amos del negocio, andan clamando venganza contra mi persona, jurándome matarile en cuanto les llegue oportunidad.
Así pues, aprovecharé la mi nueva condición de héroe para rogar ante las cámaras por un empleo decoroso, pues en servirse de fama para noble fin no existe pecado.
Como dijo el otro, la vida es un extraño viaje. Pudiera ser.

Tuesday, November 20, 2007

PORQUE SUS QUIERO...¡MARINERO DESLUCES!

Me he puesto taaaaaaaaaan contenta de veros de nuevo en el blog (faltan la prima Frid y la prima Auster, sinencambio), que no puedo por menos dedicarsus este video (Blogger mediante) que es uno de nuestros grandes jitos.
Mi he pasado varias horas revolviendo en el yutuf, pero ha merecido la pena.
Se lo endedico también al Héctor, fue él el culpable de engancharnos a este son
¡¡VA POR VOSOTROS!!


Monday, November 19, 2007

TRES TRISTES JEVIS



Míralos que monos ellos...

La consigna de esta semana ha sido: "sin la a" o "con la a", quicir: escribir un relato en el que no apareciera dicha letra o bien que apareciera siempre.

Yo me he decantado por la primera opción. ¡Uf!...qué difícil. O eso o que no se puede escribir a las tantas de la noche con varias cosas pendientes en la ventana (o windows) de al lado.

Me ha quedado birriosillo, la verdad. Pero cuando me dejé de divertir...le di carpetazo. Allá va, primos...

TRES TRISTES JEVIS
Viernes, trece de noviembre. El tren de José Quintero se detuvo en El Pozo. Los otros subieron y el metro emprendió de nuevo el rumbo. Recoletos. Fin de recorrido.
José Quintero, ese viernes, olvidó el nombre del D.N.I. y fue de nuevo El Chen. Los otros, El Pepun y El Niño de los Pelos. Como en los viejos tiempos.
Porque Leño –Ex Coz, ex Nú- resurgiendo como el Fénix, quiso ofrecer un único concierto, en vivo y en directo y ellos tres se hicieron presentes en ese evento. Siguiendo el rito, como debe ser.
Por eso los uniformes de jevis: cueros, pitillos negros y botines de cowboy. Los pelos sin freno, sueltos. Jirones grises, pero dignos.
Ninguno de los tres previno en principio cuestiones útiles:
- Rosendo vivió en mi mismo bloque. Sus viejos son vecinos de los míos.
El portero del pub- dos bíceps como dos torres- los cortó en seco:
- ¿Tenéis el ticket o es que sois vips?
- Pues no
- Pues irse yendo, que es gerundio.
- Si es que Rosendo vivió en mi bloque, tron. Sus viejos son vecinos de los míos.
- Se viene con ticket o no se viene. El piro o veinte euros de vellón.
- ¿Qué?-
- ¿Qué de qué, so pringui?

Por no meterse en un follón, los tres emprendieron el regreso, que los jevis suelen ser serenos y de buenos sentimientos, poco pendencieros con el orden público, lleven monstruos en el pecho o no los lleven.

El Chen, el Pepun y el Niño de los Pelos se volvieron sin mover el esqueleto, con sus cueros negros y el níveo tiempo tiñendo su sien. El concierto de Leño – Ex Coz, Ex Nú- se deslizó por entre sus dedos como líquido . ¡Qué deprimente es ser jevi sin tener un duro!



http://www.youtube.com/watch?v=X03TFuGwVog&feature=related







Wednesday, November 14, 2007

AFRODITA´S BOITE.AMBIENTE MUSICAL


El tema de esta semana era "La barra".
Yo me he ido a la "bada amedicana", como decía mi ex vecina La Madi.
Allá va:
Antes de abrir la puerta del Afrodita´s, Angelines hacía acopio de todo el aire fresco que cabía en sus pulmones; después, le echaba valor y entraba.
Llevaba años limpiando ese antro de mala muerte, pero aún no había podido acostumbrarse a ese hedor denso que parecía incrustado en las paredes y el skai, y que rezumaba hasta su ropa y su pelo para quedarse allí y delatarla. Ese hedor...

Angelines se cambiaba en el cuartucho. El mismo cuartucho donde se imaginaba que harían algo similar las mujeres que trabajaban allí por la noche, a las que jamás había visto. De ellas sólo había un rastro de perchas colgadas con unos nombres. Hacía tiempo que los Ana, Charo y Pepi de toda la vida se habían convertido en Ivanka, Yeni, o Suzanne. A Angelines le hubiera gustado conocer a aquellas chicas y sus historias, pero el Afrodita´s por la noche no era lugar para una mujer decente como ella. Y como tampoco estaba muy segura de que lo fuera de día, Angelines había preferido ocultar la fuente de sus ingresos a la gente de bien que la rodeaba. Aquella era una ciudad pequeña y mojigata, y ella siempre había temido ser el centro de chismes y habladurías.

Aquella mañana el local le pareció aún más cochambroso y triste. Colillas rancias por doquier se arracimaban por cualquier resquicio, ceniceros incluidos. Algún alma caritativa había tenido un detalle para con ella y los vasos sucios se amontonaban en la pila. Angelines se sonrió y le mandó un silencioso mensaje de agradecimiento a Yeni, o a Ivanka...mujeres, al fin y al cabo. Quizá ellas también tendrían que ponerse a recoger la porquería de otros cuando llegaran a casa, agotadas de sonreír durante toda la noche.
Angelines se metió detras de la barra. Siempre empezaba por ahí y después iba agrandando en espiral su danza de lejía y detergente hasta completar el garito entero. Nunca había salido de allí con la satisfacción del deber cumplido, todo lo contrario que en la Caja, pensaba, mientras pasaba la bayeta por el mostrador. Pero en el Afrodita´s todo era rancio y apestaba a decrepitud. No podía hacer más.

De repente la vio. En un rincón, al lado de un taburete caído. Una alianza. De boda. Angelines miró la inscripción, pero sus ojos cansados apenas leían unas letras y unos números desvaídos por el paso de los años. La alianza de boda de algún cliente que tendría que buscarse una buena excusa para explicar la pérdida. Cualquier cuento antes que admitir que se le había caído en una barra americana. Se acordó de su difunto Anselmo, que además de gangoso había sido un poco golfo, y se lo imaginó muy enfadado gritándola que nunca había pisado, en toda su vida una bada amedicana. A saber...esa alianza era del marido de otra, otro cincuentón rijoso, pero vivo.

Estaba confusa. Muy confusa. Durante el último mes no había dejado de encontrarse las cosas más variopintas delante o detrás de aquella barra: una estampita de la Virgen del Cubillo, un llavero bastante vistoso, una rosa fresca...la estampita y la rosa se las había llevado a casa, no así el llavero, que lo había dejado en la recepción del hotel adosado al Afrodita´s, el picadero clandestino e indispensable de aquella ciudad de hipócritas.
Haría lo mismo con la alianza, cuando terminara de trabajar. Y se puso a la tarea sin pensar más allá de la lista de la compra, del recibo de teléfono que la esperaba en la Caja o del viernes, cuando su hija volviera de Salamanca.
Al terminar se pasó un momento por el hotel y le entregó al Señor Manolo la alianza, sin darle muchas explicaciones. Tenía ganas de un café caliente que le quitara el frío y de llegar a casa. Estuvo por decirle al Sr. Manolo que le acompañara al bar de la esquina, pero se contuvo, no fuera a pensarse el buen hombre que era una fresca. Y se fue.
Manolo la vio alejarse, pulcra y digna, y acarició la alianza para adueñarse del rastro de las manos de ella. Era su alianza de bodas. Fue un iluso al pensar que ella, tan honrada, no haría lo posible para devolverla a su dueño. Mañana dejaría otra prenda, algo humilde pero revelador.
Quizá, algún día, se atrevería a hablarla.

Son...muchas horas de barra las que una tiene encima.

Monday, November 05, 2007

EXPEDIENTE RIVAS-RAMOS



Después del vapuleo de mi debut, éste es el avatar con el que escribo en el foro. A pesar de mi descalificación he recibido muy buenas críticas, que conste en acta.

El tema de esta semana es "Una mentira". Ahí dejo el relato, basado, mas o menos, en hechos reales:

EXPEDIENTE
Yo no sé por qué estoy aquí. Todo lo que tenía que declarar sobre este tema ya se lo he contado a la Madre Directora y a la Psicóloga pero, mire, llegados a este punto me da igual, porque yo soy muy sincera y siempre voy de frente. Y si tengo que decirle algo a alguien en su cara voy y se lo digo, que yo las mentiras no las soporto.
..................
Sí: conozco a las dos. A Marina Rivas menos, porque ha venido nueva este año y no es de mi clase. La señorita Ramos ha sido mi profesora de Lengua desde Primero.
Marina Rivas no me cae ni bien ni mal: sólo coincidíamos en Taller de Teatro, con la señorita Ramos. La tal Marina es un poco rara, apenas se relaciona con nadie. Cuando llegó, Laura Marín, que es la chica que ha hablado antes con usted, le dijo un par de días que se viniera con nosotras en el recreo. Pero era para reírse de ella, la verdad, por las pintas que lleva, que, a ver, cada uno puede vestir como quiera, pero es que a esa tía, perdón, a esa chica, parece que la viste su abuela. Lo digo yo y lo dicen todas. Pelearnos no, simplemente Marina pasó de nosotras y prefirió quedarse sola, o con la mora, una de tercero que también es nueva.
La señorita Ramos antes era muy maja. Conmigo siempre se portó estupendamente, sobre todo el año pasado que tuve una mala racha personal porque mis padres se divorciaron. Además, en Lengua yo siempre he sacado las mejores notas de la clase.
..................
Ya le he dicho que soy muy sincera, así que lo admito: me sentó fatal. Ese papel era para mí, que para eso me había dejado la piel pasando el texto al ordenador y haciendo fotocopias. Eso lo teníamos todas hablado, y no se podía discutir. Así que, cuando la señorita Ramos empezó a repartir los papeles y dijo que a mi me tocaba Creonte y a ella Antígona...bueno...es que no me eché a llorar de rabia porque yo nunca lloro delante de nadie, pero se me vino el mundo encima. Sobre todo porque vi cómo Laura Marín y las demás que han hablado antes con usted empezaron con las risitas y los cuchicheos. Porque ellas dicen que son muy amigas mías, pero realmente son una panda de hipócritas que siempre me han tenido envidia, que se lo puede decir cualquier Madre.
No, ella no se rió. La señorita Ramos tampoco, pero cuando terminó la clase se vino hacia mi para intentar arreglar las cosas: que si mira que tú eres demasiado alta y vistosa para hacer ese papel, que si esta niña da más el tipo porque es menudita y tiene carita de inocente, que si es un trabajo de equipo. Vale, si había que tragar, yo me lo tragué. Que hiciera lo que le diera la gana. Total no era nada más que una estúpida obra de teatro.
..................
Claro que cambiaron las cosas. Pero fue ella, la señorita Ramos, la que cambió, yo no.
El año pasado, cuando el divorcio, reconozco que pasé muchas tardes en casa de la señorita Ramos porque yo me sentía muy perdida y digamos que ella fue mi refugio. Yo admiraba muchísimo a la señorita Ramos y no sólo porque me escuchara y me diera buenos consejos. Es que me gustaba todo de ella: cómo se vestía, cómo se movía, cómo olía, los libros que me prestaba y que yo devoraba sólo para después acercarme allí y comentarlos juntas. Ella también me hacía confidencias sobre su vida y cómo había superado la ruptura con su novio. Para mí, Alicia, la señorita Ramos, era simplemente perfecta. ¡Y estábamos tan unidas!. En fines de semana o en vacaciones nos escribíamos por mail. Pero le juro que yo no he sido la que le he mandado los anónimos, eso lo tienen muy fácil de averiguar si se molestan en comprobar las Ipés.
El caso es que aquel sábado yo me acerqué a su casa para decirle lo mal que me sentía por su traición. Pero ella no me dejó entrar porque dijo que tenía visita. Mientras se excusaba, vi en el perchero el abrigo roñoso de la tal Marina Rivas. Sé cuando alguien sobra y me fui a casa. Esa noche no tuve ganas de salir de marcha.
..................
Lo demás vino sólo: Un día las vi abrazándose en el aula de audiovisuales. Me quedé tan perpleja que no tuve más remedio que contárselo a las chicas. Y a mi madre, que es del APA. Por desahogarme. Mi madre es muy liberal y dice que cada uno puede hacer con su vida lo que quiera. Como le dijo a la Madre Directora, que sea lesbiana si quiere, pero mi hija es una menor y no es buen ejemplo de vida, y menos en este colegio
Sí: Algo había oído de la enfermedad de la tal Marina, pero yo no puse una escopeta en el pecho a nadie para llamarla sidosa, ni para hacer las pintadas y mucho menos la paliza. Pregunte a las demás, verá cómo le dicen lo mismo. Y tampoco he sido yo quien ha despedido a la Ramos.
..................

¿Y por qué habría de lamentarme?. Mi madre dice que son tonterías de adolescentes, que toda la vida han pasado. Y no se va a quedar de brazos cruzados si me expulsan, ya se lo advierto.
Odio a la gente que va de víctima por la vida. Las odio a las dos, señor Inspector.




Wednesday, October 31, 2007

RETOS

Me van a perdonar (o no) el abandono absoluto en el que he sumido a este triste blog.
La vuelta al cole. Mucho aborígen personal y profesional. La vagancia...

Hasta el pasado fin de semana, en el que se me han planteado dos retos que quizá me saquen de la cueva.

Uno es participar en la coral de mi pueblo. Igual es para que les lleve las botellitas de agua, pero me han hecho una propuesta en firme que quizá acepte. La coral de mi pueblo es increíblemente buena (pa ser de pueblo y porque ellos lo valen).
Me lo estoy pensando, ya os contaré. Mientras tanto podéis ir echando un vistazo a su web:http://www.camerata.laadrada.net/
La segunda la he aceptado, aunque con ciertas reservas. Se trata de escribir un relato semanal en un foro de personas aficionadas a la literatura como pasión más que como oficio, aunque al parecer cuentan con alguna firma de prestigio escondida tras el economato. Llevan 6 años y, francamente, se leen narraciones muy buenas. Entre ellos votan el mejor, aunque, desde mi punto de vista, lo más importante son los comentarios, críticas y sugerencias.
Me he apuntado por eso. Y también porque, desde que me bajé de la columna me cuesta demasiado escribir. Y porque soy una vaga.
Si, por una vez, consigo mantenerme (sin que me echen), prometo ir subiendo los cuentecillos al blog. Y de paso, relleno.
El tema de esta semana era "un periódico abandonado en el banco"...o algo así.
Y esto lo que he perpetrado:

No terminaba de verlo claro.
Aún se sentía sorprendida por la rapidez y facilidad con la que todo había transcurrido. Se lo habían advertido, pero siempre creyó que las palabras de ánimo, el relato pormenorizado de experiencias similares y los amables consejos sólo eran caridad de las personas de buena voluntad que la apreciaban o incluso amaban de verdad. Pocas, pero leales.
Sin embargo, ahora, no terminaba de verlo claro.
Porque, contra todo pronóstico, resultó cierto: incruento, indoloro, sencillo y, por encima de todo, breve.
Lo realmente difícil fue tomar la decisión: habían sido muchos años, la mayor parte de su vida, protegida tras esa pantalla que disimulaba su vulnerabilidad y conseguía revestirla con cierto manto de decencia socialmente imprescindible.
Tomar una decisión. Primero un leve ruido que va asomando en el lugar más recóndito de su mente. Un rumor que el miedo intenta acallar bajo una tonelada de excusas y que va creciendo hasta convertirse en la música de fondo de sus pensamientos. Después atreverse a mirarlo cara a cara. Hablar. Decirlo.
Muchos otros ya habían pasado por aquello. Como en otras circunstancias - un embarazo, una escayola- se sorprendió al comprobar que eran multitud los que, en un momento dado, habían aceptado el mismo reto al que ella temía enfrentarse. No encontró a nadie que manifestara arrepentimiento o pesar. Muy al contrario, tras un periodo de tránsito y adaptación al nuevo estado, coincidían en el enorme beneficio personal que les había deparado.
Así que, tras muchas horas de dudas, allí estaba ella. Recién operada de miopía. Sin gafas.
Mirándose al espejo por primera vez.
Y sin verlo claro.
Porque el rostro que le devolvía el espejo no era el suyo. Su cara parecía macilenta y apagada. Su mirada tan desvalida como un periódico abandonado en un banco cualquiera del parque. Y aquellos ojos de liebre escondida que le eran absolutamente ajenos.
Pero nada claro.
Buscó en el neceser y, con sumo cuidado, seleccionó la sombra, la máscara de pestañas y el eye liner. Se pintó los ojos. Minuciosamente. Con mimo. Retrocedió hasta la puerta del baño, comprobando con satisfacción cómo la nítida imagen del espejo intentaba parecerse a la mujer con la que alguna vez soñó en su ya lejana adolescencia, cuando la llamaban La Lupas. Y, que, dándose la vuelta, alcanzaba a ver perfectamente la hora del reloj de la mesilla.
Se le estaba haciendo tarde.
Fuera brillaba un sol brioso y chillón. Podía volver a esconderse tras unas gafas oscuras y, una vez más, salir a comerse el mundo.

Sunday, October 14, 2007

LA RENTRÉE

Mañana vuelvo al Insti. Mi tobillo no es el que era: he pedido la excendencia sine die en el Bolshoi y en los Coros y Danzas del Ejército Ruso, pero pienso de que para apatrullar los pasillos del Insti sí me va a responder.
En resumen: que mañana pido que me den el alta, a ver si hay suerte y consigo llegar al 1, 70 y así poder presentarme a Supermodelo´s 2007, mayormente por sacarme un sobresueldo pa los viajes.
Creo que me espera un curso apasionante: tengo, además de la Pringadura de Estudios, la tutoría del 1ºA, un curso especial de chavales especiales. Muy especiales. Los más especiales de todos. Ocurra lo que pase, creo que desde luego no me voy a poder aburrir. Supongo que a lo largo del curso mis chavales del 1º A ocuparán líneas en este vuestro blog. Así me acompañaréis en el sentimiento.
No se lo digáis a nadie, pero me hace ilusión...
No se perdáis este video que os pego aquí abajo, cortesía de mi prima la Carme, que mostra, entre otras cosas, cómo hacer que las puertas del Insti se abran a mi paso de forma mágica y divertente...

Sunday, September 30, 2007

UN DESASTRE DETRÁS DE OTRO...


He tenido el PC en la UCI. Mu malito.
Ha habido que formatearlo todito entero por la curpa de un virus que me lo ha infectado con todo éxito.
El caso es que ya experta en formateos in extremis, he tenido la precaución de guardar todo lo imprescindible (la carpeta caspa´s, afotos y chorradas varias) en el disco externo peeeeeeroooo...
¡He perdido toda enterita la libreta de direcciones!
Y también las direcciones de favoritos.
Así que, ¡oh personas humanas que me leeis! sus ruego que me escribáis un mail para recuperar vuestras direcciones y poder seguir mortificándoos con esos power points tipo "Ser amigo es..." , esas cadenas o esos vidios del youtube que tanto me agradecéis.
Sorry...

Monday, September 24, 2007

NO ESTAMOS PA MAS SUSTOS



Dénsen ustedes cuenta de cómo nos las gasta la canallesca, ya sea impresa u on line:

En el lamentable estado en que me hallo, leo en 20 minutos.com y su pastelera madre el siguiente titular:

"VIGGO MORTENSEN NO TIENE PENE"

Se pueden de que imaginar el shock. Casi se me cae el rodillo qus sujetaba con los dedos del pinrel averiado por prescripción facultativa (y no es coña, que me lo ha mandado el rehabilitador, palabrita)

Así que, con el corazón preso de vital angustia, hice clik en el enlace y me lo leí enterito, es más, me vi el vidio y después me di a la tila: todo era una broma entre mi novio, que es un cachondo y el David Cronenberg ese, que es un gilipollas.

Quizá denuncie a los presuntos periodistas a Amnistía Internacional por atentar contra mi integridad moral, que la tengo y de paso denuncio a los de la gasolinera ande metí la pata en julio que aún no han arreglado el escalón roto atentando así contra la integridad física de los usuarios.

Amos pordió, que ya ni a una le respetan sus fantasías: las románticas y las otras.

Este es el enlace: http://www.20minutos.es/noticia/279000/0/viggo/mortensen/genitales/

Alapues

Pdta: ¡Prueba superada!...no ha sido tan duro. Ahora te toca actualizar a ti, Richal

Tuesday, September 18, 2007

UN DIA DE ESTOS...

En cuanto se me cure el esguince de la neurona actualizo el blog.
Palabra de bruja